EVANGELIO DE MATEO

EVANGELIO DE MATEO
TODOS VERÁN AL HIJO DEL HOMBRE VENIR SOBRE LAS NUBES DEL CIELO CON GRAN POTENCIA Y GLORIA (MATEO 24:30)

martes, 4 de junio de 2013

LA FUERZA DE LA NATURALEZA ESTA PRESENTE EN CADA SER HUMANO.

Las formas materiales son la fuerza manifestada del Creador. Cada animal es entonces, como toda forma de vida, una parte del Logos divino, por lo tanto quien actúa en contra de las formas de vida, actúa en contra de sí mismo.



Los animales tienen su mundo de sensaciones de acuerdo con su desarrollo y su conciencia, el hombre lo llama instinto. Y puesto que los animales perciben y actúan instintivamente, también sienten miedo y angustia cuando los hombres los tratan brutal y cruelmente.

Las formas materiales son la fuerza manifestada del Creador. Cada animal es entonces, como toda forma de vida, una parte del Logos divino, por lo tanto quien actúa en contra de las formas de vida, actúa en contra de sí mismo. El alma en cada hombre posee todas las fuerzas, también los aspectos de la conciencia de los minerales, plantas y animales. Por ello quien actúa contra la naturaleza, quien trata a los animales con violencia carga su alma, y así construye su propio destino. Si el hombre basa su alimentación en carne y pescado colabora con la cría y matanza de los animales, con esto carga su alma, de igual forma que la cargan aquellos que los utilizan para experimentar o quienes los cazan brutalmente.

El cuerpo espiritual de cada persona está compuesto de la esencia de todas las formas de vida. El cuerpo de un ser espiritual está constituido, por tanto, de todas las energías de conciencia, es decir de las energías de minerales, plantas y animales; también la esencia de los astros es parte del cuerpo espiritual. Todo lo que vive tiene su origen en Dios, es divino. Lo divino es vida, y la vida está en el hombre; así todo lo que vive está como esencia en él. Quien peca conscientemente contra un animal, se hace responsable ante Dios por su forma egoísta de actuar.

Jesús de Nazaret dijo: “Lo que hagáis a la más pequeña de las criaturas, eso me hacéis a Mí”. Esta frase se extiende también a la totalidad, porque todo es espíritu de Su Espíritu y todo es fuerza de Su Fuerza. El espíritu de lo infinito es la fuerza creadora que traspasa y mantiene todas las formas de vida. La fuerza divina, Dios, también es la fuerza en tu hermano y en tu hermana. De esta forma lo que el hombre hace en contra de su prójimo, del animal, la planta o el mineral, se lo hace a sí mismo, y con ello carga su alma. Dios es la Vida. Si el hombre actúa conscientemente contra la vida, no importa de qué forma de vida se trate, sean hombres, animales, plantas o minerales, ofende a Dios.

Los hombres del espíritu no matan para fines egoístas. Ellos saben que lo que hacen contra la más humilde de las criaturas, caerá sobre ellos mismos. La naturaleza ofrece en su multiplicidad todo lo que el hombre necesita para vivir, le regala voluntariamente todas las sustancias reconstituyentes y mantenedoras que necesita su cuerpo, tanto para curarlo como para mantenerlo sano.

El hombre enferma porque piensa, habla y actúa de forma incorrecta. La manera equivocada de pensar y actuar cambia la estructura corporal del hombre, de manera que las fuerzas de la naturaleza no pueden ser efectivas en el cuerpo tal como Dios las ha regalado para que mantengan al cuerpo sano y fuerte. El que toma concientemente los productos de la naturaleza como un regalo de Dios, verá en todo la actuación divina y encontrará en su interior armonía y paz.

El hombre es empujado a desprenderse poco a poco de su naturaleza animal, de sus pasiones, opiniones, ideas y teorías, de todo su egocentrismo y odio, para posteriormente resurgir en lo divino. Su alma está en la carne para superar en el breve tiempo de años terrenales lo que como alma muchas veces no podría hacer sino en inimaginables y largos años luz. Cristo que es la Luz salvadora del alma, ayuda a cada hombre que reconoce sinceramente sus faltas, las entrega a la luz interna y se esfuerza en no volver a cometerlas en adelante, ni en sensaciones, pensamientos, palabras u obras.

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